19 jul. 2017

Te está esperando

A un lado la pantalla de un móvil,
como una mujer que enseña su liguero
y dice ven sabedora de su victoria,
como un seductor que, con su discurso
y su falsa modestia, gana a las masas.

Al otro un parque con amigos,
lo mejor de Woody Allen,
Sting, los Jacksons, Purple Rain,
la novela que asegura que la literatura es oro de papel,
una visita que rompe sin precedentes la soledad.

Las redes sociales nos quitan los sueños más nuestros,
nos despojan de nosotros, roban nuestro tiempo.
Nos tienen mirando la vida de gente que tal vez ni nos interese,
alejados de la vida que amamos, de los que amamos,
incrustados en la pantalla, con los dedos empotrados en la banalidad.

Por suerte, esas redes que nos atrapan como peces sin ciudad,
también ayudan a que tú conozcas poemas como este,
a encontrar estrellas fugaces, gente que brilla,
arte, canciones, relaciones que se escapan de la red social
para darse vida propia en un colchón, en una playa.

Conviene plantearse que lo único que no vuelve es el tiempo
y esas verdades con que pudimos ocuparlo.
Que las cosas que podías aprender
mientras te quedas atrapado en una red
intentando ganar los likes
que le podríamos dar al verbo vivir jamás regresan,
que los trenes del disfrute no siempre pasan dos veces.

Tu próxima vida no está asegurada.
Hazte un favor, apaga la pantalla
y enciende los sentidos,
la vida
te está esperando
ahí afuera
con la falda levantada.


28 mar. 2017

PROBLEMAS AL RESCATARLA


Te quiere y la quieres, pero no funciona. Y no es porque no lo intentes, porque haces todo lo posible. No funciona por el montón de bolsas de basura que el pasado le deja a ella en su puerta. Tú lo ves claro, porque ves su agitación desde fuera, ves de dónde viene todo, sabes los motivos de sus volantazos.

Entonces creyéndote el enviado, encargado de dar solución a su problema, tratas de hacer su parte, das por dos, te desvives, te deshaces, intentas rescatarla de su cabeza y enseñarle el camino una y otra vez. Le explicas qué le está sucediendo, cuál es el error en su enfoque, pero da igual, te estrellas continuamente contra un muro.

Y trepas ese muro sin cordaje y te caes.

Y vuelves a tratar de rescatarla y vuelves a trepar la pared sin cordaje y el golpe duele un poco más.

Y otra vez más te encaramas a ese muro con las mismas armas y sabes lo que sucede, ¿verdad? Efectivamente, que fracasas. Cada vez el corazón más magullado, cada vez se hace más pesado su pasado en tu vida.

Pensaste que sería sencillo convencerla, lo veías claro, pero no.

Entonces la frustración es llamada a escena, se te lanza encima, agarra tu vida en sus fauces y la despedaza. No logras entender cómo es posible que ella no sea capaz de verlo tan claro como tú lo ves, no entiendes que no logre descifrar el problema, ver lo sencilla que es la solución.

Pero no es tan sencillo cuando el dolor es tu dolor y el pasado tu pasado. Las cargas de otros casi nunca nos pesan, pero las propias las vivimos como algo colosal, nos abruma sentir de esa manera, no saber manejar el problema por temor a equivocarnos. Hacemos una montaña con una sola mota del pasado, con eso es suficiente.

Y así te vas dando cuenta poco a poco, por los consejos que recibes, que debes salir de ahí, pero te pasa igual que a ella: tú también te vuelves incapaz de afrontar tu problema. Y entonces viene el golpe, darte cuenta de todo, ver que te has equivocado en el camino que tomaste, que no era a ella a quien había que salvar, que a quien había que salvarte era a ti.

9 ene. 2017

Palabras a un poeta

No engañes a quien te lea,
no lo lleves donde quieran tus palabras.
Llévalos a la verdad.

No les digas que la intensidad lo es todo
porque prescindirán del resto,
posiblemente de lo más importante,
lo que queda cuando toca encontrar
un motivo de verdad para estar juntos,
el amor sin más disfraces.
Con fuego todo es fácil.
No les vendas tus poemas incendiados
como el culmen de la vida,
no les quites la esperanza.

No los empujes hacia un párrafo
donde solo valga arder,
donde las bellas palabras
de quien lleva media vida junto a otra persona
valgan menos que tres versos borrachos
llenos de promesas que no cumplirán
cuando se apaguen las brasas.

El amor es otra cosa.
Procura aprenderlo,
procura probarlo.
No es solo morder,
es otra cosa.
No es solo abrasarse,
es otra cosa.
No es el incendio,
ni reventar de sentimiento,
ni estrellar tu cuerpo contra el suyo,
ni perderlo todo,
ni dar sin concesiones,
ni surcar los precipicios,
ni pasión o nada,
ni vaciarse todo de golpe.

El amor no es eso.
Apréndelo,
búscalo después de la pasión,
búscalo meses más tarde,
en la persona que te dio todo lo anterior,
búscalo cuando veas sus defectos
y sigas pensando que esa risa
es el país donde quieres quedarte a vivir.
Búscalo ahí y entonces podrás contarlo.

Mientras tanto te entiendo,
aún no lo has sentido
y no vas a escribirlo de momento,
pero lo cierto es que mientras no cruces la línea de la pasión
podrás lo que es estar enamorado,
pero aun no sabrás,
no sabrás ni de lejos

-->
lo que es el amor.

21 nov. 2016

Si este poema te molesta pregúntate por qué

A veces
hablando con algún amigo
que lleva siglos en pareja
le pregunto cómo va con ella,
si aún disfrutan
y siempre responde lo mismo.
Todos aquellos que conozco
y llevan años junto a alguien
responden lo mismo:
ya sabes cómo son estas cosas.

Y lo cierto es que no lo sé.
O tal vez sí me haga una idea
pero no quiero imaginarme a lo que se refieren
porque intuyo en sus palabras las renuncias
y todo aquello que perdieron
—brillo, libertad, sueños y luz—
a cambio de una vida que no creo que llegaran a elegir,
de un día a día gris y sin sueños a la vista.

Conozco pocas parejas que lleven media vida juntos
y hayan batido con el paso de los años
lo que eran en su inicio.

Me pregunto si a nosotros
nos sucederá lo mismo,
si al encontrarnos a un viejo amigo,
buscaremos el regate
y le pondremos exactamente
las mismas excusas.

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Poema incluido en el libro "Todos mis futuros son contigo" de Marwan

7 nov. 2016

LA TRASTIENDA (un texto que continúa el poema de ayer)

Mi madre me dice que a veces se le encoge el corazón cuando publico un nuevo poema triste porque sabe lo que hay en la trastienda. A mí me gustaría decirle que sí, que estoy triste, pero también quiero recordarle a ella y a todos los que sufrimos por algo, que a menudo el dolor es la antesala también de una nueva vida, que solo quien te empuja te enseña que debes a aprender un nuevo modo de estar en pie, que tal vez lo anterior ya no valía. Lo importante es buscar las armas para que la tristeza sea un paso más del camino y no un modo de abandonarse. Instalarse para siempre en la comarca de la tristeza solo puede convertirte en el mejor de los poetas y yo prefiero seguir vivo, ser un poeta del montón, caer solo cuando sea necesario. Normalmente me suelo quedar unos días allí, a ver qué tiene mi trastienda, a maldecir, a criticarme o a criticar a los otros que me hayan podido dañar. Me quedo unos días allí para que baje la marea. Una vez que baja puedes ver lo que queda en el fondo del mar de la trastienda y entonces tomas nota, apuntas tus errores, o los del otro y tomas cartas en el asuntos según corresponda: o mejoras o aceptas o perdonas o pides perdón o te callas o te vuelves a cagar en su puta madre y sigues adelante. Lo importante es salir de ahí con el ánimo renovado, agradecido de que esa marea, esa tristeza acumulada en la trastienda tenga algo hermoso que enseñarte. Casi siempre suele ser así, aunque a veces cueste llegar a verlo con nitidez, pero tengo suerte, tengo 37, o lo que es lo mismo, muchos años de buen entrenamiento, demasiados paseos a ver qué sucede en la trastienda.

6 nov. 2016

El hombre más triste

Me siento lluvioso, exiliado, en ninguna parte.
Vacío, como si me hubieran ido quitando la felicidad a cucharadas.
Estoy fuera de mi contorno, saliéndome al futuro sin ver nada,
bajando hasta el pasado a no ver nada, estoy sin mí.

Para encontrarme debería primero saber dónde estoy,
en qué coordenada de mí mismo me he quedado.
Para encontrarme debería aceptar
que hay cosas que no pueden ser ya,
aceptar que la vida también es golpe además de caricia,
quemadura, cerrojo también
y no solo quietud, llave.

Aceptar también que nos equivocamos
y a veces nos toca pagarlo.
Hoy es ese día.

Estoy detenido en la nevada,
no arranca el motor de las ilusiones,
se me han apagado los sueños,
            estoy sin pila,
la incertidumbre me está echando a un lado.

Traigo dentro todos los problemas de mi vida,
porque estoy aturdido y nunca he sabido dividir
            las tristezas que me vienen
cuando el corazón se pone a llorar a pie de página.

Estoy sin mí y nada puede ser más triste,
ni siquiera este poema,
que como aprecias no trae alegría hasta tus manos.
Nunca va a hacerlo.
Me conformaré con que te hable
y te recuerde algo
o te deje claro que algún día te sentiste igual que yo.
Quizá así te acompañe,
no me veas tan deshecho.

Tengo dentro al hombre más triste,
a un niño encharcado,
al millón de adolescentes
que no saben que el dolor de esos años también se pasa.

Y sé que no va a durar por siempre,
pero esta noche en que Noviembre
muerde el alfeizar de mi ventana
con su dentadura de otoño,
no puedo hacer más que teclear
una a una las letras de mi desgracia
y ser yo mismo Noviembre,

la canción original de mi vacío.